Dios es AMOR!!!

Hay un pasaje en la primera carta a los Corintios que describe cómo es el amor…, una vez escuché a alguien decir que al leer ese fragmento sustituyera la palabra «amor» por la palabra «Dios», y entonces 1a Corintios 13:4-8 quedó así:

«Dios es sufrido, es benigno; Dios no tiene envidia, Dios no es jactancioso, no se envanece; no hace nada indebido, no busca lo suyo, no se irrita, no guarda rencor; no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad. Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. Dios nunca deja de ser…»

Qué hermoso, no!?… Así es Dios, y así también nos diseñó en un principio, a su imagen y SEMEJANZA

Yo estaba experimentando el amor de Dios, la libertad de elegir, el recibir su amor a través de todas sus manifestaciones, palabras, detalles, cuidados, obsequios…, un par de veces me dejó una flor a mi paso o en mi lugar del salón, y una vez Carmelita, una pequeña, me regaló una flor…

Poco a poco, con sutileza y dulzura Dios me reveló que nací para ser amada, y cómo no habría de ser así, si Él nos ama, pues su naturaleza es el amor!!! Me ama, te ama, a todos y cada uno!!! Y sin condición!!!

Cada persona que llega a la Base Misionera y experimenta la presencia de Dios se siente amada por Él, entonces… cuántos amados hay en ese lugar!!!

Cuando eres amado por un amor tan puro y tan grande, te nace corresponderle tanto como tu esencia te permite, muchas veces te sientes único aun en medio de la multitud, y es así, el trato con Dios es personal, sin embargo estar en comunidad necesita de armonía, respeto, balance, servicio, y es así como muchas veces Dios te lleva a abrazar a alguien, dar palabra, edificar, compartir momentos de danza…, y te recuerda también que su presencia está en los que te rodean…

El último día antes de salir a vacaciones, un grupo de estudiantes nos reunimos para alabar a Dios con canto y música, la intención era muy hermosa, sin embargo, hubo un momento en que el individualismo y el protagonismo rompió con la armonía de adorar en colectivo, había dos voces que rompieron la comunión, una cantaba más fuerte y la otra lo hacía aún más fuerte, y como éramos pocas personas, percibir esa intensidad me distrajo y arrastró a apagar mi voz, me perdí de la sintonía y decidí retirarme, de pronto algo que tuvo una buena intención terminó por aturdirme, no sólo a mi oído sino también a mi pensamiento.

Me preguntaba por qué algunas personas hacen a un lado el pensar en los demás a su alrededor, todo se vuelve tan individual, predomina el interés personal, y podemos verlo en nuestra cotidianidad, en cosas tan sencillas que parecen no importar como estar en una fila interminable porque más adelante apartaron el lugar a alguien más que llega después que tú, o personas que en lugares públicos invaden tu espacio personal, te roban lugar o hablan tan fuerte que te desconcentran, y así, tantas situaciones que se dan…

Y entonces apareció en mis pensamientos un fragmento de 1 Corintios 13: «Si yo hablase lenguas humanas y angélicas, y no tengo amor, vengo a ser como metal que resuena, o címbalo que retiñe…» Lo que en un principio era un canto agradable para Dios se convirtió en un sonido inarmónico que retiñe…, quizá la razón por la que el protagonismo brotó fue porque faltó amor, amor al prójimo como a tí mismo, que es el segundo mandamiento más importante como Yahshua lo resumió…

A veces, aunque amamos a Dios, no practicamos el amor, y Él dice que quien lo ama es aquel que ama sus mandamientos y los obedece, no el que más «Te amo» le dice, o el que le canta u ora más fuerte… El amor es práctica, es inclusión, es comunión con todo, porque todo es creación de Dios!!!

Dios no es solo, ni tampoco se ama sólo a sí mismo… Dios es con todo y en todo… el amor es en todo y con todo…

Tengamos amor para poder amar, para poder integrar, edificar… En el amor no hay competencia, ni tampoco escala de destacados, el que quiere ser el primero debe ser el servidor de todos!!!

Eres amado… Ama!!! Es lo que corresponde…, y si quieres recordar lo que es el amor, lee 1a Corintios 13 y recuerda cómo es Dios!, tu creador…

Congruencia…

Cuando Dios te levanta, te fortalece…, te guía en el camino… y va contigo…

Me encontraba en un lugar que no era como lo imaginaba, no sabía cuál sería mi rol dentro de la cotidianidad de este sitio, me sentía extraña y no tenía idea de cómo relacionarme desde el papel de visitante; por unos días fui el centro de atención, «la nueva», muchos eran amables conmigo, y curiosos también…, me hacían preguntas de las cuales yo no tenía respuesta como «¿cuál es tu llamado?»…, ¿cuánto tiempo estarás aquí?…, ¿cuál es tu testimonio?…

No conté con detalles mi historia de cómo llegué a este sitio, a nadie le dije que estaba enferma, sentía que de hacerlo tendría que dar muchas explicaciones, así que me limité a hacer las cosas que se me tenían permitidas. Mi estancia no fue del todo igual a la de los estudiantes oficiales, si bien pudo ser así, mi pastor escuchó de Dios que mi proceso era diferente, él escuchó que Dios trataba directamente conmigo; aún así traté de integrarme lo mayormente posible.

Un día, me sentí mal en la hora de almuerzo y me fui a descansar al dormitorio, un lugar compartido con las estudiantes, me recosté y poco después de mi llegada entraron algunas chicas que hablaban temas que me desconcertaron, me sentí triste por lo que escuché, ellas se retiraron y no se dieron cuenta de que yo estaba; yo no podía comprender por qué si nuestro tiempo, enseñanza y actividades estaban enfocadas en Dios, detrás de bambalinas ocurrían o se decían cosas que sin duda no podrían ser agradables para Él…. era como si por fuera hubiera una bonita fachada, pero por dentro había tanto que ordenar, limpiar y arreglar…, no encontraba congruencia…

Pasaban los días y continuaba viendo cosas que no encajaban, lo que me generaba desconfianza… Una mañana mis síntomas fueron más fuertes, así que fui a la clínica y me revisaron, y después de ello, por primera vez pasé a un cuarto de oración donde un hermano oró por lo que yo tenía.

Hablé de cómo me sentía interiormente y expresé mi desconcierto por la incongruencia, de pronto había perdido de vista el sentido de estar ahí; el hermano me escuchó y me dijo «Recuerda el trigo y la cizaña…, así es en este mundo, qué bueno sería tener un campo libre de cizaña, pero sin ella ¿cómo se haría el trigo más fuerte?…, la planta se esfuerza por crecer y dar fruto, y resiste a las inclemencias del tiempo…, así también aquí, aunque Dios es el centro, todos estamos en procesos, no somos perfectos, pero cada día vamos creciendo en conocimiento, experiencia y relación y si lo queremos vamos siento transformados…»

Cuánto sentido encontré en esas palabras!!! Así es la vida en este mundo, donde no estamos exentos del mal, si bien podemos elegir no ejercerlo, lo cierto es que existe, y que lo que se permite no es para destruirnos o reprimirnos, sino para fortalecernos…

Todos podemos elegir…, ceder o luchar…, perecer o crecer…, ser trigo o cizaña…, podemos trabajar en nuestra alma, limpiar nuestro corazón o mantenerlo descuidado y dejar que crezca la hierba que ahoga las semillas de fe… siempre TODO ES UNA DECISIÓN… TÚ DECISIÓN!!!

No busques la congruencia a tu alrededor… BUSCA LA CONGRUENCIA EN TÍ Y PERSEVERA… ALÍNEATE Y AVANZA POR EL CAMINO ESTRECHO QUE CONDUCE A LA VIDA, A LA VERDADERA Y ETERNA…

Muchas veces sólo necesitamos ser escuchados, pero Dios siempre da un paso más, y nos habla, y nos edifica…, y de esta manera, inicia los milagros!!!

Levantándote…

«…Yo soy el Dios que ve«

Cuando Dios te mira, obra… Dios no sólo te observa, Dios te hace saber que te ve…

Antes de acudir al llamado de Dios en Roca Blanca, estaba herida y desolada, la indiferencia en mi entorno cercano era constante, sentía que a nadie le importaba lo que me pasara y que tampoco querían darse cuenta de que estaba enferma. Cuando decidí irme a Oaxaca, casi nadie sabía a dónde me iba, ni por cuánto tiempo o por qué razón, así que el día de mi partida me despedí sin decir nada más y tampoco me preguntaron algo al respecto.

A la semana de mi llegada a la base misionera, empecé a resentir la falta de interés de mis padres por mi ausencia, sobretodo de mamá, me sentía triste pero no compartía mi sentir con ninguna persona. Un día, en el comedor se acercó a mí una pastora de dormitorio con la que nunca había hablado, y me dijo: ‘tengo una palabra que Dios me dio hace unos días para tí, pero no te lo dije porque no te conocía y dudé…, así que hoy que te ví, me animé a decirla, la palabra es EL AMOR DE DIOS ES MÁS GRANDE QUE EL DE UNA MAMÁ’…

Cuando escuché esas palabras mi corazón se conmovió, me hicieron todo el sentido, y pude darme cuenta de que Dios sabía el sentir de mi interior, me había visto y además me decía ‘Estoy aquí, y mi amor por tí es más grande que todo’… Así mismo recordé que Dios además de ser nuestro creador, es nuestro criador, y generalmente en las especies, la madre es la del rol principal de crianza. Dios es Padre y Madre de los que ha adoptado como hijos…

Dios había decidido demostrarme su amor, y llenar mi vida, mi ser, de lo que en ese tiempo carecía o no podía ver…, amor, amor real, demostrándolo con los lenguajes de amor que entiendo, y esa era mi medicina. Dios me vio caída, tirada en el suelo, agotada, abatida, sin esperanza, derrotada y sólo esperando el final, pero no le bastó con verme, sino que me sostuvo, me dio la mano, me abrió una puerta y me dijo ‘ven‘, y yo sólo tuve que dar el paso.

Sí, estaba débil, aunque luchaba por no caer y aparentar fortaleza, pero Dios me veía en verdad, a Él nada podemos ocultar. Él me mostró una imagen de lo que yo era para Él en ese momento, un bebé que se levanta y se cae, con un padre que le ayuda a levantarse, que lo motiva a caminar y que muy cerca lo cuida y diceAquí estoy hija‘.

Varias veces estuve a punto de caer durante mis primeros meses en la base misionera, me refiero a debilitarme y perder la consciencia, pero yo luchaba por no caer al piso, por no llamar la atención, por temor a verme desprotegida y cuestionada, entonces respiraba profundo, resistía y decía en mi interior ‘Dios no me dejes caer aquí, Señor dame fuerzas’. Y después del momento crítico recobraba la entereza.

El Señor escucha, y no me dejó caer…, en mi debilidad Él es mi fortaleza. Dios no sólo me sostuvo, Él vio los rastros de mis heridas mientras me levantaba, y fue limpiando y dando amor a cada una; vio mis vestiduras rotas y me dio vestiduras nuevas; me puso de pie, y cuando tuve fuerza para sostenerme, Él dio un paso delante de mí y dijo ‘Yo voy delante de tí y no te dejaré hasta haberte llevado a tu destino’.

Hoy, donde me encuentro ahora, en tiempo y espacio, Él sigue aquí, porque Él es fiel, porque Él es el Dios que ve

Señor no me dejes nunca…

Haciendo juego…

«…y llegará el día en que los verdaderos adoradores adorarán en Espíritu y en Verdad»

Hay un dicho popular que dice que a dónde quiera que fueres, hacer lo que vieres…, y esto va de la mano con uno de los principios de responsabilidad y cuidado que uno como viajero debe tener en cada lugar al que llega, el respeto por la cultura local y minimizar los impactos transculturales…

Todo lugar tiene su esencia, todo grupo o colectivo también tiene características que lo distinguen de los demás; son identidades que se forman a lo largo de la historia y se reafirman o se transforman al paso de las generaciones, dándose a conocer de manera especial entre otros grupos. Es así que nos acostumbramos a ver ciertos elementos que nos recuerdan con quién estamos tratando en determinados momentos.

Cuando llegué a la base misionera, me encontré en un ambiente nuevo para mí, en un lugar donde se estudiaba y compartía la palabra de Dios a través de las escrituras y se adoraba a Dios a través de la música, el canto, la oración…

Realmente pensé que llegaría a un lugar serio, con cierta solemnidad en las clases del instituto, pero no, pues me encontré con una gran experiencia que te hacía querer saber más y más…, mucha revelación y una gran oportunidad de estrechar nuestra relación con Dios, aunque éramos muchas personas y había diversidad entre nosotros, todos o la mayoría nos sincronizamos en una misma sintonía de querer más de Dios, guía, respuestas, conocimiento, experiencia…

Desde el inicio de actividades en la base, comienza un proceso de transformación, de la diversidad cultural colectiva, a la formación de la unidad en la cultura del Reino, sí, el Reino de Dios. Fue en ese proceso, que cuando te incorporas en un tiempo diferente al resto, si eres observador y analítico, ciertos actos no hacen juego con lo que se predica y enseña de la palabra y la fe, y eso me sucedió.

En Roca Blanca se levanta un altar de adoración hermoso, los devocionales de cada mañana, y el de los días lunes, son vías de gran bendición, de ministración al Señor y a los hijos también, se vuelven una conversación interior que se expresa en el exterior entre Dios y uno, de manera libre, pues cuando tu enfoque está en el Señor, dejas de mirarte a tí mismo y a los otros, se olvida la timidez y se manifiesta la entrega. Pero cuando estás enfocado en observar el ambiente, y miras las expresiones de entrega y devoción, al terminar esos tiempos, y conforme transcurre la normalidad, se empiezan a notar contrariedades en la conducción de las personas, ‘ser o no ser… son o no son’…

Cuando se vislumbra la incongruencia, perturba la duda, y eso me sucedió en un principio, por un lado veía gente entregada en su adoración a Dios, pero por otro lado, algunos actuaban de forma contradictoria a lo que nos enseña Dios, en cosas tan básicas como el respeto, por mencionar un aspecto. Fue entonces que me pregunté ‘estaré en el lugar correcto?’…

Cómo no era capaz de confrontar y comprender las cosas que me afectaban, llegué al punto de manifestar una crisis de salud, recuerden que llegué enferma y sin esperanza de vida, y fue por esta situación que acudí a la clínica de la base para recibir atención médica, sin saber que también se me brindaría atención espiritual.

La atención médica se limita al conocimiento humano, la atención espiritual no tiene fronteras, Dios es todopoderoso para sanar y restaurar…

Fue durante mi turno en el cuarto de oración, que Dios dispuso del momento y del instrumento para darme una gran bocanada de sanidad, Dios me escuchó a través del hermano Jesús, que comprendió el estado de mi espíritu en ese momento, así como el anhelo de congruencia y armonía en mi entorno. Pero Dios no sólo escucha, Dios ministra… Dios no sólo te libra de las carga, Dios te alienta y brinda esperanza

El hermano Jesús me habló del trigo y la cizaña, del propósito en que crezcan juntas hasta que llega el momento en que el trigo es fuerte y se pueden separar… nada se pierde en las manos del Señor, todo obra en propósito… Pude ver que en todo tiempo y en todo lugar estamos en un proceso de crecimiento, todos en un nivel distinto de madurez, con mayor o menor proporción de cizaña en el campo, algunos quizá compartimos la misma meta, y mientras avanzamos podemos tener caídas, desviarnos del camino y volver a él, levantarnos y seguir, o quedarnos un momento y descansar.., habrá quienes ya no querrán continuar y se dejarán ahogar en vez de luchar contra la fuerza de la cizaña, pero en este campo de siembra, nadie está solo en la batalla.

Así como alguien nos lleva la delantera en el camino, siempre hay alguien que viene detrás y nos alcanza, que si es hermano, si es prójimo, si es amigo y responde a la voz de Dios, no pasará de largo, se detendrá y te alentará a continuar, te dará una mano, y si tú quieres y te tomas de la misericordia de Dios, llegarás al término de tu formación, dónde espíritu, alma y cuerpo harán perfecto juego entre sí, en una misma sintonía para alabanza y adoración, llegando al tiempo en que adorar en Espíritu y Verdad será una realidad.

Yo fui nueva en un contexto nuevo, cuando volví la mirada a quien me llamó, y dejé de darle mayor importancia al contexto, la libertad en el ser comenzó a ser parte de mi proceso… Con el tiempo me di cuenta de que hacer juego, experimentar la congruencia, debe empezar desde dentro, desde uno, y esforzarnos en todo tiempo por permanecer fieles a nuestra convicción, re-alineándonos en el camino, aún cuando hayamos alcanzado cierta madurez o un grado de semejanza mayor con Cristo.

El perdón es clave, ya lo dijo el maestro… El amor es la base, y la misericordia una gran cualidad de Dios que puede transformar incongruencias y juicios en parteaguas de sanidad y restauración…

No estás sola…

«Aunque te vean sola, nunca lo estás, no creas sólo lo que es visible a los ojos…«

El papel de ser el primer hijo es uno de los más retadores en mi experiencia, aun cuando sea pequeña la diferencia de edad entre hermanos. Como la primera hija, siempre fui más grande que ellos para ciertas cosas, por ejemplo, para ir sola a la tienda a mis 7 años, y enfrentar mis miedos a los perros y peligros de la calle…

La experiencia de «ir a la tienda» es el parteaguas que remite a mi mente a la palabra «sola»…, recuerdo que cuando empezaron a mandarme, tenía miedo de lo que podría encontrarme afuera, y entonces pedía que me acompañara mi hermano, a lo que muchas veces me dijeron «vete sola»…

Mis miedos parecían no tener importancia, solían decirme, ‘qué te va a pasar’, ‘pretextos porque no quieres hacer nada’ y conforme crecía las siguiente conversación se hacía más y más común…, hasta que apagué mi voz.

Acompáñame, vamos…»,

-«No, vete sola…»

Con el tiempo, me resigné a esa respuesta y dejé de pedir compañía, así empecé a caminar sólo por mi cuenta…, aprendí a ser valiente, porque serlo fue mi única opción para salvaguardar mi vida.

Cuando iniciaba la universidad, tuve que vivir prácticamente sola, lejos de mi familia, y lejos de quien pudiera apoyarme si algo me ocurría, no había cerca quien me cuidara, en cambio, yo sí estaba para cuidar o ver por quién lo necesitara cuando se me solicitaba…

En ese tiempo mucha gente me veía sola, mi familia no estaba, y cuando llegaba a ver a mis hermanos un par de días en casa de mi madre, para ‘cuidar’ la casa, muchas veces tuve que pedir insistentemente que me acompañaran al salir, porque no querían, y volvía a recibir las palabras ‘vete sola’.

Sentía que tenía que rogar por compañía, y me cansé de hacerlo, así que cada vez se reafirmaba más mi ‘independencia’; terminé mis estudios, trabajé, y me acostumbré a llevar el timón de mi vida; en este proceso, aunque sabía que sólo me tenía a mí, no me sentía sola, estaba rodeada de algunos amigos, compañeros, sabía dónde estaban mis familiares, con quién podía contar y con quién no.

No sentía que experimentara soledad alguna, ya que era soñadora, tenía muchas esperanzas y expectativas ante un futuro en el cual volvería a estar cerca de mis personas, mi familia; y no sólo soñaba, accionaba, buscaba y tomaba las oportunidades para volver a verles y estar con ellos…, gracias a Dios, así fue, aunque por temporadas mi anhelo se cumplió, y ello alimentaba mi ilusión de un futuro donde habría reunión e íbamos a poder compensar el tiempo de la separación, pero no sucedió…, cuando llegó el día de estar nuevamente reunidos todo se desvaneció.

No fui integrable a la ‘manada’, fui la única que se quedó sola en esa separación mientras algunos estuvieron en pares o en grupo, y aunque hice por ser parte de…, no lo logré…, fue entonces que empecé a sentirme sola, aun rodeada de mis personas cercanas…

La soledad fue uno de los detonantes que me llevó a deteriorar mi salud, y uno de los factores por el que no quise enfrentarme ante algún diagnóstico médico de lo que me pasaba, no quería pasar sola por un proceso que quizá requeriría de acompañamiento y cuidado por parte de otras personas, pues en verdad sentía que no tenía en quien apoyarme…, así que decidí entregar los días que me quedaran en manos de Dios, en los cuales sólo quería vivir sin pesares, y fue aquí donde Dios me condujo a Roca Blanca.

Cuando partí hacia ese lugar, ya estaba acostumbrada a la rutina que implica viajar sola y estar un tiempo donde no conoces a nadie, no tenía expectativas nuevas, sin embargo Dios me sorprendió, pues abrió las puertas y los medios para que en todo momento me sintiera acompañada desde mi recibimiento. Desde mi llegada a Puerto Escondido, empecé a ver la gracia de Dios, y cómo me acompañó en este llamado y encuentro a través de personas que conectaron con su propósito, mediante la persona que tocó esta puerta para que yo llegara a este destino.

Era de tarde noche cuando llegué a Roca Blanca, los pastores que me recibieron me llevaron al dormitorio y me dijeron que esa noche iba a estar sola porque aún no llegaban las estudiantes del instituto; yo no tuve inconveniente con ello, una vez me quedé en un enorme albergue a dormir sola, y tantas veces que estuve en cabañas en medio del bosque, sola por mi trabajo…, sin embargo la gracia de Dios me cobijó desde esa noche en la base misionera y no me dejó sola ni un solo instante durante mi estadía.

Hay un ser muy especial que Dios puso en mi camino para mostrarme su amor y compañía, Él puso un corazón, una habitación donde Él habita, para hacerme sentir en familia, este ser tan especial es «Ita», amiga de la persona que Dios usó para llevarme a ese lugar. Ita iba a prestarme unas sábanas para mi estancia, los pastores le avisaron que yo estaba en el dormitorio, y ella fue a encontrarme y ahí nos conocimos; ella al ver que me quedaría sola en el dormitorio, ofreció que me quedara en su casa esa noche para después incorporarme a la normalidad de las actividades, y fuí.

Ita no sólo me cobijó esa noche, sino que por las circunstancias de estancia en la base misionera, me dió hospedaje los fines de semana, me compartió de su alimento, me incluyó en sus actividades, me dió pequeñas encomiendas, y junto con su familia, me hizo parte de ellos, jamás fui sola a la iglesia, jamás fui sola a ningún lugar, esta vez tuve a quien avisar, a quien pedir consejo, a quien hablar de lo que me ocurría, a quien acompañar y quien me acompañara, a quien escuchar…

Dios siempre ha sido muy amable conmigo…, a través de personas, a través de la creación, a través de su presencia que me resguarda de los peligros.

Dios sabía que me sentía sola, que incluso a Él no lo sentía cerca, aunque sin duda Él jamás me ha abandonado, y siempre ha estado conmigo… Dios sabe que en un entorno donde hay ruido y contaminación es difícil escucharlo, percibirlo…, y por ello me llamó, a un sitio donde dispuso las condiciones precisas para una desintoxicación, pero sobretodo para una reconexión, un reencuentro con su amor.

Compañía, alojamiento, comida, testimonios, pláticas amenas, conocimiento, paseos, detalles, abrazos, oídos, música, alegría, revelación, palabras, promesas, etc… Dios suplió todas mis necesidades, no sólo de sustento, sino la principal y de la que más carecía, el Amor

«No estás sola, estoy contigo, aunque no me puedan ver, aquí estoy»…, fueron de las primeras palabras que Dios me habló durante mi estancia, y que reafirmó para que yo lo confesara…, me hizo ver que en todo tiempo Él había estado a mi lado, aun cuando yo no lo veía, y que sus palabras no sólo fueron una revelación, sino hechos manifestados en actos de amor y servicio a través de personas y sucesos.

Cuando alguien se acercaba a mí y decía hacerlo porque me veía «sola», la verdad tocó mis labios para expresar «nunca estoy sola«, sabía que Dios estaba y está conmigo, Él siempre está aquí…, y sí, también está ahí, contigo, aunque no lo puedas ver…

Si bien la compañía de tus semejantes es una extensión del amor de Dios, el primer amor, es y siempre será el amor personal de Dios, entre Él y tú…, y no tienen idea de cuánto disfruto hoy esos pequeños instantes en que soy consciente de su amor, de su compañía, aún cuando parece que sola estoy…

Una nueva historia…

«La voluntad de Dios nunca te lleva a donde su Gracia no te proteja…»

Era mayo de 2019, en mi vida había dado espacio a un «admirador», alguien que dijo conocerme de niña y que entonces había tenido un afecto por mí. Las historias de la infancia suelen conmover el corazón, inconscientemente te llevan a ver a las personas por lo que fueron en esa niñez, y así fue que en mi presente daba oportunidad a este chico de ser mi amigo.

Cuando estás ávida de afecto, de cariño, es fácil engrandecer los detalles afectivos que tienen hacia uno, y si sigues bajo esa línea, es posible que empieces a confundir tus sentimientos; eso me pasó…

Conforme pasaba el tiempo y seguía en contacto con este chico, se empezaban a construir los planes para tratarlo en persona y pasar una temporada en el sitio donde radicaba; era una decisión difícil de tomar ya que no sólo se trataba de viajar a otro sitio y confiar en las palabras de alguien a quién no tenía mucho de conocer, sino también el riesgo que implicaba para ambos el que yo no estuviera estable en mi salud; por un lado quería alejarme de mi entorno y descansar de mi contexto, pero por otro lado no quería pasar peripecias con prácticamente un extraño, y menos aún, generar expectativas en alguien a quien quizá mi tiempo restante de vida no me permitiría conocerle mejor…

En ese tiempo, platiqué de esta situación con la persona que Dios puso en mi camino tiempo atrás para conocer de su palabra y entender desde otra perspectiva a Jesús; ella me sugirió que no tomara decisiones precipitadas, que hiciera las cosas bien, y que si necesitaba alejarme de mi contexto ella me sugería ir a un lugar del cual me había hablado un par de años atrás, la base misionera donde ella había servido un tiempo…

Ella quedó en averiguar si yo podría pasar un tiempo en ese lugar, para despejarme y también aprovechar para tomar algunas clases en el Instituto Bíblico que ahí se encuentra, yo dije que estaba bien y a ver qué decían.

La primer respuesta ante esa petición fue la de esperar a que se concretara el panorama del inicio escolar en el instituto, pues así sabrían si podrían apoyarme con alojamiento; cuando recibí esta información dije «está bien, veremos que pasa…», faltaba aún un mes para saber la respuesta definitiva.

Honestamente dudaba en un principio de estar haciendo lo correcto al aceptar esta propuesta, nunca antes había estado en una base misionera, no tenía mucho tiempo de empezar a participar en las dinámicas cristiano-evangélicas, y no fluía en ese ambiente…, apenas empezaba a observar una nueva forma de aproximarme a Dios, pero en lugar de negarme desde un principio a esta propuesta, sólo asentía y guardaba silencio, mientras en mi interior me aferraba a la promesa de que «La voluntad de Dios no me llevaría a donde su gracia no me protegiera», y que si esta puerta se abría, era porque venía de Él y porque era su voluntad, pero si no se abría es que no era parte del plan de Dios.

La puerta se abrió!!! A finales de agosto de ese año, recibí la respuesta de que sí había sitio para mí, me pedían saber cuánto tiempo estaría, pero yo no tenía certeza de ello, la verdad pensé que serían unas semanas, pero de entrada se habló de que fuera de 1 a 3 meses el tiempo en que podría estar ahí, así que por gratitud y honra a lo que se estaba haciendo por mí, me comprometí a estar un mes y después decidiría si me quedaba más tiempo o no.

En ninguna parte del proceso de contacto con la Base misionera se mencionó que yo estaba físicamente enferma, ya que en ese tiempo había decidido dejar de luchar para hallar un diagnóstico o tener que lidiar con tratamientos, sólo me esforzaba en mentalizarme para reponerme cada vez que los síntomas se presentaban, y también por ello es que me comprometí con la estancia de 1 mes, que para mí era una eternidad en las condiciones que iba, pero yo era buena en hacerme la fuerte.

Decidí terminar mis compromisos de septiembre, asistía a un taller de canto, superando mis miedos al público y a cantar cuando alguien me escuchara, terminó el periodo en curso y fui libre para la nueva aventura…

El 6 de octubre de 2019 volé hacia un sitio nuevo para mí, donde no conocía a nadie, pero tuve el apoyo de las personas que conocían al ser que Dios usó para hacerme llegar al lugar donde Él me demostraría su amor, donde me sanaría, donde me tomaría en sus brazos, me haría escuchar su voz, y ver su mano en todo...

Me costó distanciarme por tanto tiempo de mi sobrinita, ella es otra historia de amor que Dios ha tenido en mi camino…, pero ey!!! Dios tiene en cuenta tu corazón, y conmigo tuvo el gentil gesto de hacerme coincidir con una nena de casi la misma edad de mi sobrina a mi llegada, la hija de los pastores que me abrieron un sitio en el primer año de Instituto Bíblico, quienes me hicieron sentir bienvenida y en confianza.

Pero esto apenas empezaba…, esa noche Dios me encontraría con una persona que Él ama mucho y por medio de quien Él obra muy hermosamente en ese lugar, «Ita», así es como la llamaré en esta historia…

El primer mensaje de Dios al dar el paso y avanzar para entrar en esta puerta fue «No estás sola»… y así, no me dejó sola nunca mientras estuve en ese lugar…

Continuará…

Todo final, es un nuevo comienzo…

«A toda acción, corresponde una reacción…» -Tercera ley de Newton-

‘A todo pensamiento, sentimiento o sensación, corresponde una respuesta…

Soy Aria, joven por naturaleza soñadora, idealista…, crecí con la ilusión de que para tener una mejor vida tenía que esforzarme por mejorar las condiciones de vida en las que crecía y ayudar a mejorar las de mi familia; de lograr lo que nunca se había conseguido dentro de mi árbol generacional, y así sumar a las expectativas e ideales de superación que tenían los que me antecedieron y no tuvieron oportinudad de hacer.

Así mi primera meta se convirtió en estudiar una carrera universitaria, tener un título y salir a desempeñarme en la «vida real».

Lograr algo conlleva esfuerzo, sacrificios, resistencia, fuerza y persistencia; estudiar, graduarme y titularme nos costó a mi familia y a mí la distancia física, y sin darnos cuenta, también la distancia del corazón

Me gradué, inicié la carrera laboral, y tiempo después pudimos estar juntos otra vez como familia; fue hasta entonces que la distancia del corazón entre nosotros se hizo evidente, así como una lucha constante y desgastante en mí por querer pertenecer, aunque no lograba encajar…, y no lo logré…

Tras un tiempo de sentirme sola, a pesar de estar rodeada de personas, en 2018 empecé a manifestar las consecuencias de constantes desequilibrios emocionales por aquella lucha, el peso de una profunda tristeza y desolación, así como desesperanza…

Fueron años de luchar por encajar, por unir, por restablecer, lo que no estaba en mis manos hacer; a finales de ese año, de la «nada» mi cuerpo manifestó síntomas que dificultaban que pudiera desempeñar mi vida sola; mareos, falta de oxígeno, debilidad, taquicardia, en cualquier momento y de forma inesperada; no podía salir sin el temor de quedar inconsciente en cualquier momento, y con más miedo si es que andaba sola, lo cual era lo más común.

Intenté saber la causa y posible solución médica a mi problema, pero me encontré ante un abanico de posibilidades que no ofrecían un pronóstico alentador, y sí, un quizá largo y cansado proceso para poder ‘curarme’.

Me sentía sola, no podía con la carga de ese panorama y decidí no indagar más, no luchar y dejar mi vida o lo que quedara de ella en manos de Dios, le entregué mi vida, mis días y decidí empezar a disfrutar los días que me quedaran, y soltar la carga tan pesada que yo misma me había puesto…

Apenas y logré terminar mis compromisos laborales ese año, y decidí descansar las vacaciones de diciembre, quizá eso me serviría, pero no fue así…

En 2019, después de haber intentado una alternativa médica a inicios de año, cuyo resultado no fue permanente, pero que funcionó lo que prometió en un principio, decidí no depender de ningún tipo de tratamiento para estabilizarme, y con mis fuerzas, con lo que quedaban de ellas, empecé nuevamente a vivir lo que me restaba, sin ver el futuro de una vida larga, y más bien, sin verme terminando el año con vida.

Para las personas que me rodeaban, les era imposible ver en realidad cómo estaba, pues si algo aprendí al vivir sola fue a aparentar muy bien la fortaleza, a mostrarme fuerte y sacar la casta para estar y seguir adelante, aprendí a ser resistente, así que nadie se percataba de que yo estaba viviendo mis últimos días por no querer enfrentarme a un diagnóstico y luchar; a pesar de que no salía de casa, de que no estaba empleada, de que me esforzaba en ocasiones para acudir a otro lugar, nadie notaba que me estaba derrumbando.

A veces cuando divisamos el final, no podemos ver el nuevo comienzo…, pero ¡hey!, no todo termina dónde nosotros pensamos... Nuestra visión es corta, y no se compara con los planes de Dios!!!

A mediados del 2019 Dios puso una puerta delante de mí, una promesa y un lugar en donde encontré lo que jamás esperaría…, y sí, aún en lo que pensaba eran mis últimos días, decidí dar el paso, abrir esa puerta y acudir, y así, un día de Octubre me encontré en la Base Misionera Roca Blanca, el lugar de encuentro con mi destino, el INICIO...

Continuará…

Acompáñame en el compartir de mi historia, de un final que llevó a un nuevo comienzo, en el cual, aún estoy aprendiendo a crecer…