Congruencia…

Cuando Dios te levanta, te fortalece…, te guía en el camino… y va contigo…

Me encontraba en un lugar que no era como lo imaginaba, no sabía cuál sería mi rol dentro de la cotidianidad de este sitio, me sentía extraña y no tenía idea de cómo relacionarme desde el papel de visitante; por unos días fui el centro de atención, «la nueva», muchos eran amables conmigo, y curiosos también…, me hacían preguntas de las cuales yo no tenía respuesta como «¿cuál es tu llamado?»…, ¿cuánto tiempo estarás aquí?…, ¿cuál es tu testimonio?…

No conté con detalles mi historia de cómo llegué a este sitio, a nadie le dije que estaba enferma, sentía que de hacerlo tendría que dar muchas explicaciones, así que me limité a hacer las cosas que se me tenían permitidas. Mi estancia no fue del todo igual a la de los estudiantes oficiales, si bien pudo ser así, mi pastor escuchó de Dios que mi proceso era diferente, él escuchó que Dios trataba directamente conmigo; aún así traté de integrarme lo mayormente posible.

Un día, me sentí mal en la hora de almuerzo y me fui a descansar al dormitorio, un lugar compartido con las estudiantes, me recosté y poco después de mi llegada entraron algunas chicas que hablaban temas que me desconcertaron, me sentí triste por lo que escuché, ellas se retiraron y no se dieron cuenta de que yo estaba; yo no podía comprender por qué si nuestro tiempo, enseñanza y actividades estaban enfocadas en Dios, detrás de bambalinas ocurrían o se decían cosas que sin duda no podrían ser agradables para Él…. era como si por fuera hubiera una bonita fachada, pero por dentro había tanto que ordenar, limpiar y arreglar…, no encontraba congruencia…

Pasaban los días y continuaba viendo cosas que no encajaban, lo que me generaba desconfianza… Una mañana mis síntomas fueron más fuertes, así que fui a la clínica y me revisaron, y después de ello, por primera vez pasé a un cuarto de oración donde un hermano oró por lo que yo tenía.

Hablé de cómo me sentía interiormente y expresé mi desconcierto por la incongruencia, de pronto había perdido de vista el sentido de estar ahí; el hermano me escuchó y me dijo «Recuerda el trigo y la cizaña…, así es en este mundo, qué bueno sería tener un campo libre de cizaña, pero sin ella ¿cómo se haría el trigo más fuerte?…, la planta se esfuerza por crecer y dar fruto, y resiste a las inclemencias del tiempo…, así también aquí, aunque Dios es el centro, todos estamos en procesos, no somos perfectos, pero cada día vamos creciendo en conocimiento, experiencia y relación y si lo queremos vamos siento transformados…»

Cuánto sentido encontré en esas palabras!!! Así es la vida en este mundo, donde no estamos exentos del mal, si bien podemos elegir no ejercerlo, lo cierto es que existe, y que lo que se permite no es para destruirnos o reprimirnos, sino para fortalecernos…

Todos podemos elegir…, ceder o luchar…, perecer o crecer…, ser trigo o cizaña…, podemos trabajar en nuestra alma, limpiar nuestro corazón o mantenerlo descuidado y dejar que crezca la hierba que ahoga las semillas de fe… siempre TODO ES UNA DECISIÓN… TÚ DECISIÓN!!!

No busques la congruencia a tu alrededor… BUSCA LA CONGRUENCIA EN TÍ Y PERSEVERA… ALÍNEATE Y AVANZA POR EL CAMINO ESTRECHO QUE CONDUCE A LA VIDA, A LA VERDADERA Y ETERNA…

Muchas veces sólo necesitamos ser escuchados, pero Dios siempre da un paso más, y nos habla, y nos edifica…, y de esta manera, inicia los milagros!!!

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