Levantándote…

«…Yo soy el Dios que ve«

Cuando Dios te mira, obra… Dios no sólo te observa, Dios te hace saber que te ve…

Antes de acudir al llamado de Dios en Roca Blanca, estaba herida y desolada, la indiferencia en mi entorno cercano era constante, sentía que a nadie le importaba lo que me pasara y que tampoco querían darse cuenta de que estaba enferma. Cuando decidí irme a Oaxaca, casi nadie sabía a dónde me iba, ni por cuánto tiempo o por qué razón, así que el día de mi partida me despedí sin decir nada más y tampoco me preguntaron algo al respecto.

A la semana de mi llegada a la base misionera, empecé a resentir la falta de interés de mis padres por mi ausencia, sobretodo de mamá, me sentía triste pero no compartía mi sentir con ninguna persona. Un día, en el comedor se acercó a mí una pastora de dormitorio con la que nunca había hablado, y me dijo: ‘tengo una palabra que Dios me dio hace unos días para tí, pero no te lo dije porque no te conocía y dudé…, así que hoy que te ví, me animé a decirla, la palabra es EL AMOR DE DIOS ES MÁS GRANDE QUE EL DE UNA MAMÁ’…

Cuando escuché esas palabras mi corazón se conmovió, me hicieron todo el sentido, y pude darme cuenta de que Dios sabía el sentir de mi interior, me había visto y además me decía ‘Estoy aquí, y mi amor por tí es más grande que todo’… Así mismo recordé que Dios además de ser nuestro creador, es nuestro criador, y generalmente en las especies, la madre es la del rol principal de crianza. Dios es Padre y Madre de los que ha adoptado como hijos…

Dios había decidido demostrarme su amor, y llenar mi vida, mi ser, de lo que en ese tiempo carecía o no podía ver…, amor, amor real, demostrándolo con los lenguajes de amor que entiendo, y esa era mi medicina. Dios me vio caída, tirada en el suelo, agotada, abatida, sin esperanza, derrotada y sólo esperando el final, pero no le bastó con verme, sino que me sostuvo, me dio la mano, me abrió una puerta y me dijo ‘ven‘, y yo sólo tuve que dar el paso.

Sí, estaba débil, aunque luchaba por no caer y aparentar fortaleza, pero Dios me veía en verdad, a Él nada podemos ocultar. Él me mostró una imagen de lo que yo era para Él en ese momento, un bebé que se levanta y se cae, con un padre que le ayuda a levantarse, que lo motiva a caminar y que muy cerca lo cuida y diceAquí estoy hija‘.

Varias veces estuve a punto de caer durante mis primeros meses en la base misionera, me refiero a debilitarme y perder la consciencia, pero yo luchaba por no caer al piso, por no llamar la atención, por temor a verme desprotegida y cuestionada, entonces respiraba profundo, resistía y decía en mi interior ‘Dios no me dejes caer aquí, Señor dame fuerzas’. Y después del momento crítico recobraba la entereza.

El Señor escucha, y no me dejó caer…, en mi debilidad Él es mi fortaleza. Dios no sólo me sostuvo, Él vio los rastros de mis heridas mientras me levantaba, y fue limpiando y dando amor a cada una; vio mis vestiduras rotas y me dio vestiduras nuevas; me puso de pie, y cuando tuve fuerza para sostenerme, Él dio un paso delante de mí y dijo ‘Yo voy delante de tí y no te dejaré hasta haberte llevado a tu destino’.

Hoy, donde me encuentro ahora, en tiempo y espacio, Él sigue aquí, porque Él es fiel, porque Él es el Dios que ve

Señor no me dejes nunca…

Deja un comentario