«…y llegará el día en que los verdaderos adoradores adorarán en Espíritu y en Verdad»
Hay un dicho popular que dice que a dónde quiera que fueres, hacer lo que vieres…, y esto va de la mano con uno de los principios de responsabilidad y cuidado que uno como viajero debe tener en cada lugar al que llega, el respeto por la cultura local y minimizar los impactos transculturales…
Todo lugar tiene su esencia, todo grupo o colectivo también tiene características que lo distinguen de los demás; son identidades que se forman a lo largo de la historia y se reafirman o se transforman al paso de las generaciones, dándose a conocer de manera especial entre otros grupos. Es así que nos acostumbramos a ver ciertos elementos que nos recuerdan con quién estamos tratando en determinados momentos.
Cuando llegué a la base misionera, me encontré en un ambiente nuevo para mí, en un lugar donde se estudiaba y compartía la palabra de Dios a través de las escrituras y se adoraba a Dios a través de la música, el canto, la oración…
Realmente pensé que llegaría a un lugar serio, con cierta solemnidad en las clases del instituto, pero no, pues me encontré con una gran experiencia que te hacía querer saber más y más…, mucha revelación y una gran oportunidad de estrechar nuestra relación con Dios, aunque éramos muchas personas y había diversidad entre nosotros, todos o la mayoría nos sincronizamos en una misma sintonía de querer más de Dios, guía, respuestas, conocimiento, experiencia…
Desde el inicio de actividades en la base, comienza un proceso de transformación, de la diversidad cultural colectiva, a la formación de la unidad en la cultura del Reino, sí, el Reino de Dios. Fue en ese proceso, que cuando te incorporas en un tiempo diferente al resto, si eres observador y analítico, ciertos actos no hacen juego con lo que se predica y enseña de la palabra y la fe, y eso me sucedió.
En Roca Blanca se levanta un altar de adoración hermoso, los devocionales de cada mañana, y el de los días lunes, son vías de gran bendición, de ministración al Señor y a los hijos también, se vuelven una conversación interior que se expresa en el exterior entre Dios y uno, de manera libre, pues cuando tu enfoque está en el Señor, dejas de mirarte a tí mismo y a los otros, se olvida la timidez y se manifiesta la entrega. Pero cuando estás enfocado en observar el ambiente, y miras las expresiones de entrega y devoción, al terminar esos tiempos, y conforme transcurre la normalidad, se empiezan a notar contrariedades en la conducción de las personas, ‘ser o no ser… son o no son’…
Cuando se vislumbra la incongruencia, perturba la duda, y eso me sucedió en un principio, por un lado veía gente entregada en su adoración a Dios, pero por otro lado, algunos actuaban de forma contradictoria a lo que nos enseña Dios, en cosas tan básicas como el respeto, por mencionar un aspecto. Fue entonces que me pregunté ‘estaré en el lugar correcto?’…
Cómo no era capaz de confrontar y comprender las cosas que me afectaban, llegué al punto de manifestar una crisis de salud, recuerden que llegué enferma y sin esperanza de vida, y fue por esta situación que acudí a la clínica de la base para recibir atención médica, sin saber que también se me brindaría atención espiritual.
La atención médica se limita al conocimiento humano, la atención espiritual no tiene fronteras, Dios es todopoderoso para sanar y restaurar…
Fue durante mi turno en el cuarto de oración, que Dios dispuso del momento y del instrumento para darme una gran bocanada de sanidad, Dios me escuchó a través del hermano Jesús, que comprendió el estado de mi espíritu en ese momento, así como el anhelo de congruencia y armonía en mi entorno. Pero Dios no sólo escucha, Dios ministra… Dios no sólo te libra de las carga, Dios te alienta y brinda esperanza…
El hermano Jesús me habló del trigo y la cizaña, del propósito en que crezcan juntas hasta que llega el momento en que el trigo es fuerte y se pueden separar… nada se pierde en las manos del Señor, todo obra en propósito… Pude ver que en todo tiempo y en todo lugar estamos en un proceso de crecimiento, todos en un nivel distinto de madurez, con mayor o menor proporción de cizaña en el campo, algunos quizá compartimos la misma meta, y mientras avanzamos podemos tener caídas, desviarnos del camino y volver a él, levantarnos y seguir, o quedarnos un momento y descansar.., habrá quienes ya no querrán continuar y se dejarán ahogar en vez de luchar contra la fuerza de la cizaña, pero en este campo de siembra, nadie está solo en la batalla.
Así como alguien nos lleva la delantera en el camino, siempre hay alguien que viene detrás y nos alcanza, que si es hermano, si es prójimo, si es amigo y responde a la voz de Dios, no pasará de largo, se detendrá y te alentará a continuar, te dará una mano, y si tú quieres y te tomas de la misericordia de Dios, llegarás al término de tu formación, dónde espíritu, alma y cuerpo harán perfecto juego entre sí, en una misma sintonía para alabanza y adoración, llegando al tiempo en que adorar en Espíritu y Verdad será una realidad.
Yo fui nueva en un contexto nuevo, cuando volví la mirada a quien me llamó, y dejé de darle mayor importancia al contexto, la libertad en el ser comenzó a ser parte de mi proceso… Con el tiempo me di cuenta de que hacer juego, experimentar la congruencia, debe empezar desde dentro, desde uno, y esforzarnos en todo tiempo por permanecer fieles a nuestra convicción, re-alineándonos en el camino, aún cuando hayamos alcanzado cierta madurez o un grado de semejanza mayor con Cristo.
El perdón es clave, ya lo dijo el maestro… El amor es la base, y la misericordia una gran cualidad de Dios que puede transformar incongruencias y juicios en parteaguas de sanidad y restauración…