«Aunque te vean sola, nunca lo estás, no creas sólo lo que es visible a los ojos…«
El papel de ser el primer hijo es uno de los más retadores en mi experiencia, aun cuando sea pequeña la diferencia de edad entre hermanos. Como la primera hija, siempre fui más grande que ellos para ciertas cosas, por ejemplo, para ir sola a la tienda a mis 7 años, y enfrentar mis miedos a los perros y peligros de la calle…
La experiencia de «ir a la tienda» es el parteaguas que remite a mi mente a la palabra «sola»…, recuerdo que cuando empezaron a mandarme, tenía miedo de lo que podría encontrarme afuera, y entonces pedía que me acompañara mi hermano, a lo que muchas veces me dijeron «vete sola»…
Mis miedos parecían no tener importancia, solían decirme, ‘qué te va a pasar’, ‘pretextos porque no quieres hacer nada’ y conforme crecía las siguiente conversación se hacía más y más común…, hasta que apagué mi voz.
-«Acompáñame, vamos…»,
-«No, vete sola…»
Con el tiempo, me resigné a esa respuesta y dejé de pedir compañía, así empecé a caminar sólo por mi cuenta…, aprendí a ser valiente, porque serlo fue mi única opción para salvaguardar mi vida.
Cuando iniciaba la universidad, tuve que vivir prácticamente sola, lejos de mi familia, y lejos de quien pudiera apoyarme si algo me ocurría, no había cerca quien me cuidara, en cambio, yo sí estaba para cuidar o ver por quién lo necesitara cuando se me solicitaba…
En ese tiempo mucha gente me veía sola, mi familia no estaba, y cuando llegaba a ver a mis hermanos un par de días en casa de mi madre, para ‘cuidar’ la casa, muchas veces tuve que pedir insistentemente que me acompañaran al salir, porque no querían, y volvía a recibir las palabras ‘vete sola’.
Sentía que tenía que rogar por compañía, y me cansé de hacerlo, así que cada vez se reafirmaba más mi ‘independencia’; terminé mis estudios, trabajé, y me acostumbré a llevar el timón de mi vida; en este proceso, aunque sabía que sólo me tenía a mí, no me sentía sola, estaba rodeada de algunos amigos, compañeros, sabía dónde estaban mis familiares, con quién podía contar y con quién no.
No sentía que experimentara soledad alguna, ya que era soñadora, tenía muchas esperanzas y expectativas ante un futuro en el cual volvería a estar cerca de mis personas, mi familia; y no sólo soñaba, accionaba, buscaba y tomaba las oportunidades para volver a verles y estar con ellos…, gracias a Dios, así fue, aunque por temporadas mi anhelo se cumplió, y ello alimentaba mi ilusión de un futuro donde habría reunión e íbamos a poder compensar el tiempo de la separación, pero no sucedió…, cuando llegó el día de estar nuevamente reunidos todo se desvaneció.
No fui integrable a la ‘manada’, fui la única que se quedó sola en esa separación mientras algunos estuvieron en pares o en grupo, y aunque hice por ser parte de…, no lo logré…, fue entonces que empecé a sentirme sola, aun rodeada de mis personas cercanas…
La soledad fue uno de los detonantes que me llevó a deteriorar mi salud, y uno de los factores por el que no quise enfrentarme ante algún diagnóstico médico de lo que me pasaba, no quería pasar sola por un proceso que quizá requeriría de acompañamiento y cuidado por parte de otras personas, pues en verdad sentía que no tenía en quien apoyarme…, así que decidí entregar los días que me quedaran en manos de Dios, en los cuales sólo quería vivir sin pesares, y fue aquí donde Dios me condujo a Roca Blanca.
Cuando partí hacia ese lugar, ya estaba acostumbrada a la rutina que implica viajar sola y estar un tiempo donde no conoces a nadie, no tenía expectativas nuevas, sin embargo Dios me sorprendió, pues abrió las puertas y los medios para que en todo momento me sintiera acompañada desde mi recibimiento. Desde mi llegada a Puerto Escondido, empecé a ver la gracia de Dios, y cómo me acompañó en este llamado y encuentro a través de personas que conectaron con su propósito, mediante la persona que tocó esta puerta para que yo llegara a este destino.
Era de tarde noche cuando llegué a Roca Blanca, los pastores que me recibieron me llevaron al dormitorio y me dijeron que esa noche iba a estar sola porque aún no llegaban las estudiantes del instituto; yo no tuve inconveniente con ello, una vez me quedé en un enorme albergue a dormir sola, y tantas veces que estuve en cabañas en medio del bosque, sola por mi trabajo…, sin embargo la gracia de Dios me cobijó desde esa noche en la base misionera y no me dejó sola ni un solo instante durante mi estadía.
Hay un ser muy especial que Dios puso en mi camino para mostrarme su amor y compañía, Él puso un corazón, una habitación donde Él habita, para hacerme sentir en familia, este ser tan especial es «Ita», amiga de la persona que Dios usó para llevarme a ese lugar. Ita iba a prestarme unas sábanas para mi estancia, los pastores le avisaron que yo estaba en el dormitorio, y ella fue a encontrarme y ahí nos conocimos; ella al ver que me quedaría sola en el dormitorio, ofreció que me quedara en su casa esa noche para después incorporarme a la normalidad de las actividades, y fuí.
Ita no sólo me cobijó esa noche, sino que por las circunstancias de estancia en la base misionera, me dió hospedaje los fines de semana, me compartió de su alimento, me incluyó en sus actividades, me dió pequeñas encomiendas, y junto con su familia, me hizo parte de ellos, jamás fui sola a la iglesia, jamás fui sola a ningún lugar, esta vez tuve a quien avisar, a quien pedir consejo, a quien hablar de lo que me ocurría, a quien acompañar y quien me acompañara, a quien escuchar…
Dios siempre ha sido muy amable conmigo…, a través de personas, a través de la creación, a través de su presencia que me resguarda de los peligros.
Dios sabía que me sentía sola, que incluso a Él no lo sentía cerca, aunque sin duda Él jamás me ha abandonado, y siempre ha estado conmigo… Dios sabe que en un entorno donde hay ruido y contaminación es difícil escucharlo, percibirlo…, y por ello me llamó, a un sitio donde dispuso las condiciones precisas para una desintoxicación, pero sobretodo para una reconexión, un reencuentro con su amor.
Compañía, alojamiento, comida, testimonios, pláticas amenas, conocimiento, paseos, detalles, abrazos, oídos, música, alegría, revelación, palabras, promesas, etc… Dios suplió todas mis necesidades, no sólo de sustento, sino la principal y de la que más carecía, el Amor…
«No estás sola, estoy contigo, aunque no me puedan ver, aquí estoy»…, fueron de las primeras palabras que Dios me habló durante mi estancia, y que reafirmó para que yo lo confesara…, me hizo ver que en todo tiempo Él había estado a mi lado, aun cuando yo no lo veía, y que sus palabras no sólo fueron una revelación, sino hechos manifestados en actos de amor y servicio a través de personas y sucesos.
Cuando alguien se acercaba a mí y decía hacerlo porque me veía «sola», la verdad tocó mis labios para expresar «nunca estoy sola«, sabía que Dios estaba y está conmigo, Él siempre está aquí…, y sí, también está ahí, contigo, aunque no lo puedas ver…
Si bien la compañía de tus semejantes es una extensión del amor de Dios, el primer amor, es y siempre será el amor personal de Dios, entre Él y tú…, y no tienen idea de cuánto disfruto hoy esos pequeños instantes en que soy consciente de su amor, de su compañía, aún cuando parece que sola estoy…