Una nueva historia…

«La voluntad de Dios nunca te lleva a donde su Gracia no te proteja…»

Era mayo de 2019, en mi vida había dado espacio a un «admirador», alguien que dijo conocerme de niña y que entonces había tenido un afecto por mí. Las historias de la infancia suelen conmover el corazón, inconscientemente te llevan a ver a las personas por lo que fueron en esa niñez, y así fue que en mi presente daba oportunidad a este chico de ser mi amigo.

Cuando estás ávida de afecto, de cariño, es fácil engrandecer los detalles afectivos que tienen hacia uno, y si sigues bajo esa línea, es posible que empieces a confundir tus sentimientos; eso me pasó…

Conforme pasaba el tiempo y seguía en contacto con este chico, se empezaban a construir los planes para tratarlo en persona y pasar una temporada en el sitio donde radicaba; era una decisión difícil de tomar ya que no sólo se trataba de viajar a otro sitio y confiar en las palabras de alguien a quién no tenía mucho de conocer, sino también el riesgo que implicaba para ambos el que yo no estuviera estable en mi salud; por un lado quería alejarme de mi entorno y descansar de mi contexto, pero por otro lado no quería pasar peripecias con prácticamente un extraño, y menos aún, generar expectativas en alguien a quien quizá mi tiempo restante de vida no me permitiría conocerle mejor…

En ese tiempo, platiqué de esta situación con la persona que Dios puso en mi camino tiempo atrás para conocer de su palabra y entender desde otra perspectiva a Jesús; ella me sugirió que no tomara decisiones precipitadas, que hiciera las cosas bien, y que si necesitaba alejarme de mi contexto ella me sugería ir a un lugar del cual me había hablado un par de años atrás, la base misionera donde ella había servido un tiempo…

Ella quedó en averiguar si yo podría pasar un tiempo en ese lugar, para despejarme y también aprovechar para tomar algunas clases en el Instituto Bíblico que ahí se encuentra, yo dije que estaba bien y a ver qué decían.

La primer respuesta ante esa petición fue la de esperar a que se concretara el panorama del inicio escolar en el instituto, pues así sabrían si podrían apoyarme con alojamiento; cuando recibí esta información dije «está bien, veremos que pasa…», faltaba aún un mes para saber la respuesta definitiva.

Honestamente dudaba en un principio de estar haciendo lo correcto al aceptar esta propuesta, nunca antes había estado en una base misionera, no tenía mucho tiempo de empezar a participar en las dinámicas cristiano-evangélicas, y no fluía en ese ambiente…, apenas empezaba a observar una nueva forma de aproximarme a Dios, pero en lugar de negarme desde un principio a esta propuesta, sólo asentía y guardaba silencio, mientras en mi interior me aferraba a la promesa de que «La voluntad de Dios no me llevaría a donde su gracia no me protegiera», y que si esta puerta se abría, era porque venía de Él y porque era su voluntad, pero si no se abría es que no era parte del plan de Dios.

La puerta se abrió!!! A finales de agosto de ese año, recibí la respuesta de que sí había sitio para mí, me pedían saber cuánto tiempo estaría, pero yo no tenía certeza de ello, la verdad pensé que serían unas semanas, pero de entrada se habló de que fuera de 1 a 3 meses el tiempo en que podría estar ahí, así que por gratitud y honra a lo que se estaba haciendo por mí, me comprometí a estar un mes y después decidiría si me quedaba más tiempo o no.

En ninguna parte del proceso de contacto con la Base misionera se mencionó que yo estaba físicamente enferma, ya que en ese tiempo había decidido dejar de luchar para hallar un diagnóstico o tener que lidiar con tratamientos, sólo me esforzaba en mentalizarme para reponerme cada vez que los síntomas se presentaban, y también por ello es que me comprometí con la estancia de 1 mes, que para mí era una eternidad en las condiciones que iba, pero yo era buena en hacerme la fuerte.

Decidí terminar mis compromisos de septiembre, asistía a un taller de canto, superando mis miedos al público y a cantar cuando alguien me escuchara, terminó el periodo en curso y fui libre para la nueva aventura…

El 6 de octubre de 2019 volé hacia un sitio nuevo para mí, donde no conocía a nadie, pero tuve el apoyo de las personas que conocían al ser que Dios usó para hacerme llegar al lugar donde Él me demostraría su amor, donde me sanaría, donde me tomaría en sus brazos, me haría escuchar su voz, y ver su mano en todo...

Me costó distanciarme por tanto tiempo de mi sobrinita, ella es otra historia de amor que Dios ha tenido en mi camino…, pero ey!!! Dios tiene en cuenta tu corazón, y conmigo tuvo el gentil gesto de hacerme coincidir con una nena de casi la misma edad de mi sobrina a mi llegada, la hija de los pastores que me abrieron un sitio en el primer año de Instituto Bíblico, quienes me hicieron sentir bienvenida y en confianza.

Pero esto apenas empezaba…, esa noche Dios me encontraría con una persona que Él ama mucho y por medio de quien Él obra muy hermosamente en ese lugar, «Ita», así es como la llamaré en esta historia…

El primer mensaje de Dios al dar el paso y avanzar para entrar en esta puerta fue «No estás sola»… y así, no me dejó sola nunca mientras estuve en ese lugar…

Continuará…

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